Chuletas de Cordero (de cabecera)
Sarmientos
Sal
Pan
Ensalada
Vino tinto
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No hay cosa más triste que comer sólo. Es como el chiste ese del hombre que da con Kim Bassinger en una isla desierta. Se enamoran. Se funden día tras día durante años. Y un buen día al tío le da un bajón. Ella preocupada le pregunta qué pasa. Él le pide a ella un favor: que se vista de hombre.
Cuando por fin lo hace, él se acerca, le pasa la mano por el hombro y dice: "no sabes con quién llevo años acostándome"
Comer es así.
Hoy he tomado la primera barbacoa del año. Estaba con Beatriz a la orilla del Duero. Todo el mundo por ahí y unas chuletas de cordero en la nevera.
La parrilla con sarmientos tiene un sabor especial. El sarmiento es la leña que se hace de las viñas. Yo nunca he ido pero me han dicho mil veces que no me pierdo nada. Si puedo, moriré con la duda.
El caso es que el sarmiento le pasa un sabor especial a la carne, cuando entra en la boca, se encuentra con el regusto del vino, que guarda algo de aquel verano en coincidieron en aquella parra. Sus almas se funden. Y se cierra el círculo.
Las chuletas deben estar muy bien cortadas. "Unas chuletas bien cortadas de cabecera, por favor". Si al oir eso, el carnicero pone cara de pocos amigos, es que sabe cortarlas.
(Si ya sabéis que el carnicero parte bien la carne no tiene sentido castigarle)
Se prepara el fuego: papel de periódico, sarmiento y una cerilla. Se quita el trozo de cuerda que ata el sarmiento. Los muy expertos notan el sabor. Se han dado casos en San Esteban de alguien que sabe el tiempo que hizo ese año por probar una chuleta de un sarmiento.
Cuando más llama hay se pone la parrilla para que se queme la grasilla de la vez anterior. Puede sonar guarro, pero es la mejor forma.
Se deja un minuto sobre el fuego y luego se pasa papel de estraza de las chuletas o un periódico. Sin la parte de nacional que luego se politiza todo.
Se ponen las chuletas sobre la parrilla en sentido perpendicular a la mismay mientras se va haciendo una "cama" de brasas, acorde con las patas de la parrilla. 2 ó 3 centímetros por debajo la zona de aterrizaje de las chuletas.
Cuando está todo preparado, se coge con ambas manos la parrilla (parece una tontería pero hay machotes que han arruinado una cena). Se asienta sobre la cama de brasas.
Se airea un poco (ver imagen). No tengo ni idea de para qué sirve, pero tiene su gracia y la gente menos experta piensa: "este tío sabe".
OJO - Consejo importante: No se le pone la sal hasta el final. La sal tiene a secar las chuletas. Y al no ponerla, quedan mucho más jugosas. En el plato o en la fuente, aceptan la sal perfectamente.
Nivel de asado: Para gustos los colores: a mi me gustan más bien hechas. A mi prima Blanca le gustan tan churruscadas que podrías poner carne de rata y no lo notaría. Lo importante es que estén a gusto del personal.
Un lado. Se saca la parrilla del fuego un segundo y se le da la vuelta, mejor con un tenedor o pinzas. Así no se caen ni se quema nadie.
Se pone una ensaladita de lechuga, tomate y cebolla y se disfruta del sol, de la comida y de la compañía.
Nombre guay: "Chuletas de cordero de mi corazón"
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